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La historia del perfume, verdaderamente inspiradora

El perfume tiene su origen en la prehistoria, cuando el hombre mitigaba el frío con fogatas hechas con ramas que desprendían fragancias que los relajaban y mejoraban su actitud. De hecho empezó a creerse que dichos olores les gustaban a los dioses, por lo que fragancias como la del incienso, la mirra u otras resinas y maderas, eran ofrecidas a ellos en señal de gratitud y esperando nuevos favores.

Los egipcios, por ejemplo, veneraban a Ra con incienso y a Iah con mirra. Ambos eran dioses que según sus creencias representaban al Sol y la Luna, respectivamente. De ahí que en la tumba del faraón Tutankamón, hallada en Egipto en 1922, además de joyas hubiera fragancias que aún conservaban sus propiedades. No en vano a los egipcios se les considera los primeros en hacer fragancias, para lo cual clasificaron flores y hierbas según su aroma.

El portal culturacolectiva.com señala que fue en la época de Alejandro Magno cuando el perfume se trasladó de Egipto a Grecia y comenzó a tener gran popularidad. Sin embargo, en esa época su uso era espiritual y comercialmente circulaba de manera exclusiva entre las personas con más poder.

El gran aporte de los griegos a la perfumería, según el portal museudelperfum.com, fue aplicar su arte a los frascos de cerámica en los que se almacenaban perfumes. Se trataba de verdaderas piezas de arte con motivos geométricos, de animales fantásticos y escenas mitológicas, entre otras.

Luego en Roma las sustancias aromáticas y las fragancias se extendieron a la cotianidad. Ya no solo se usaban en el cuerpo, sino también en el hogar, la ropa, los grandes salones, los teatros y hasta los caballos. A los romanos se les considera precursores de la denominada aromaterapia.

Tras la caída del Imperio Romano y el fin de la era clásica, Europa entró en un periodo donde el aseo y el perfume pasaron a un segundo plano. Era la época del cristianismo. Esto cambió cuando creció el comercio con el medio oriente, que nunca dejó de evolucionar en la forma de hacer perfume.

En el año 1200 el rey de Francia, Felipe II, reconoció la labor de los perfumistas e impulsó la comercialización de sus productos. Ese y otros acontecimientos posteriores hicieron que a esa nación se le considerara cuna del perfume moderno.

En Francia, “los aspirantes a ejercer la profesión -de perfumistas- estudiaban cuatro años para luego convertirse en maestros que supervisaban el trabajo de prensado de pétalos, maceración de flores, mezclado de ingredientes y más”, detalló el sitio culturacolectiva.com.

A la par con la Revolución Industrial creció la profesionalización del sector de los perfumes. Empezaron a regalarse como complemento de las prendas de vestir y en el siglo XX su uso fue generalizado. Surgieron fragancias míticas como Shalimar, Vetyver y el No 5 de Coco Chanel.

Los perfumes dejaron de ser un producto de lujo para convertirse en parte de la personalidad y acompañarnos en el día a día. En ese contexto, isfort trabaja para que la gente experimente verdaderas armonías olfativas todos los días. Pensar en ello nos inspira y con base en ello inspiramos los sentidos de nuestros seguidores.

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